Jesús, sánanos. ¡Sálvanos, Hijo de David, sálvanos! Tú ves cuán ciegos somos—oh, concédenos la vista de la fe. Tú ves cuán débiles somos—oh, concédenos la fuerza de tu gracia.
Y ahora, aun ahora, Hijo de David, purifica nuestro egoísmo, y ven a vivir y a reinar en nosotros como en los palacios de tu templo.
Y antes de salir de este lugar, clamamos una vez más: «¡Hosanna, hosanna, hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor».
Te lo pedimos, oh gran Rey, por amor de tu propio nombre.
Amén.
Charles Spurgeon
Oh Padre, lleno de misericordia, en el principio nos creaste, y por la pasión de tu Hijo unigénito nos hiciste nuevos.
Obra ahora en nosotros, tanto el querer como el hacer lo que te agrada. Puesto que somos débiles y no podemos hacer ningún bien por nosotros mismos, concédenos tu gracia y tu bendición celestial, para que en toda obra que emprendamos lo hagamos todo para tu honra y gloria.
Guárdanos del pecado y capacítanos cada día para hacer buenas obras, para que, mientras vivamos en el cuerpo, te sirvamos continuamente.
Y ya que nos has concedido el perdón de todos nuestros pecados, recíbenos, al partir de esta vida, en la vida eterna; por medio de Aquel que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amén.
Anselmo de Canterbury